lunes, 5 de febrero de 2018

Breogan, Val e hidromiel


La conversación con el ingeniero dejó a Val pensativa largo tiempo, más cuando un par de noches después se encontró con Breogan solo en el comedor, sacudiendo una gran jarra boca abajo con aire desolado. Estaba claramente achispado, y ella carraspeó para llamar su atención. El nigromante la saludó con un gesto de alegría.

-¡Pelirroja!- exclamó en un balbuceo. Pareció escucharse a sí mismo y torció la boca con disgusto, tratando de componer un semblante más serio. Val no pudo evitar una risilla.

-Val- le recordó.
-Breogan- respondió él golpeándose el pecho, y Val no pudo contener una carcajada.

-Lo sé- dijo entre risas.

El nigromante señaló desmayadamente una esquina en la que reposaban varias tinajas.

-¿Quieres un trago?- rió ella, y él sonrió feliz como un niño.

Le rellenó la jarra y se sirvió otra para ella, sentándose frente a él.

-Cuéntame- solicitó vehemente.

-¿El qué?

-De Los Pozos del Olvido.

Breogan botó en su asiento.

-¡No vayas nunca allí, mujer insensata!

Parecía escandalizado, a falta de una expresión más acertada, y Val hubo de contener otra carcajada.

-Pues cuéntame tú.

-Ese lugar está maldito, escucha mis palabras. Absorbe la energía vital de todo lo que se acerca, y no deberías acercarte jamás.

-Entendido- aseguró Val con la intención de calmar al nigromante. Tampoco tenía ninguna intención de visitar el lugar, y así se lo dijo. Él tomó un largo trago y sonrió felizmente de nuevo.

-¿Y bien? ¿Qué te parece Larhenna? ¿Te gusta? Es bonito, ¿eh?

Val asintió reteniendo a duras penas otra carcajada.

-Tiene su encanto- admitió divertida.

-Mucha magia es lo que tiene- replicó Breogan alzando la jarra y tomando un trago aún más largo que el anterior- El Orbe de Portales, los endemoniados Pozos... ¡Ja! Magia, magia, ¡magia!!!

Se volvió hacia ella enfebrecido y la miró a los ojos de pupilas dilatadas, sonriendo como un loco.

-Síiiiiiiiiii.....- canturreó-. Tú también la sientes. Sientes las corrientes que vibran bajo la tierra, la energía que emiten los minerales, la electricidad en el aire... ¿Verdad que sí? Magia, magia, magia... Magia de dragones moribundos... Qué triste, la verdad. Debieron ser dignos de contemplar...- sonrió tristemente, sumido de nuevo en sus pensamientos.

-He visto ilustraciones impresionantes. En vivo debieron ser majestuosos.

-Me habría gustado hablar con un dragón- murmuró Breogan con tristeza. Miró al fondo de su jarra guiñando un ojo y se encogió de hombros, apurando el resto con un largo y sonoro trago.

Val empujó su jarra medio llena hacia él, que le dedicó una sonrisa radiante y absolutamente franca.

-Efectivamente, eso es lo que pasa. Magia poderosa, restos delatores. La energía fluye en todas direcciones, y los imbéciles se creen que pueden controlarla.

-¿Disculpa?

-Larhenna, el Orbe de Portales. Tan lleno de energía... mmm, luminosa- soltó una risilla- Hay mucha luz aquí, ¿te has fijado? Mis muertos están muy incómodos, y eso es porque son criaturas antinaturales- rió de nuevo-. Pero no les voy a soltar aún, no. Van a pagar por sus crímenes hasta que sus huesos sean polvo.

Val alzó una ceja, impactada por la rabia que destilaba el nigromante.

-¿Enemigos de guerra?- aventuró.

-Bastardos reconocidos de todos los pelajes- sentenció él con un siseo, y Val respetó sus deseos.

-¿Y qué pasa con la magia?- preguntó mientras se levantaba a rellenar las jarras.

-¿Qué magia?

-La que va y viene- ahora fue ella quien rió su propia ocurrencia.

-¡Me estabas escuchando!- se congratuló Breogan- Pues eso, que va y viene. Larhenna no existía antes del Cataclismo y Darenath tampoco. El Orbe Oscuro.

Val se quedó largo rato esperando a que continuara, pero el hechicero parecía demasiado enfrascado en sus propios pensamientos como para compartirlos. Miraba fijamente el fondo de su jarra, y Val se afanó con la suya hasta que los párpados comenzaron a pesarle demasiado y decidió retirarse antes de amanecer sobre la mesa, rodeada de vikingos carcajeándose.

Cuando ya abandonaba el salón, la voz de Breo retumbó en el túnel tan clara como si estuviera a su lado.

-Y luego están Los Pozos- decía en tono lúgubre- Pura mala baba concentrada e inmunda que se bebe la vida de todo lo que se acerca. A menudo las tormentas remueven la arena y a la mañana siguiente aparecen huesos por todo el valle. No se alimenta sólo de carne, no... Os digo que ahí abajo hay algo tremendamente poderoso, algo que tiene que ver con el Cataclismo.

-Entonces tal vez lo más sensato sea dejarlo donde está. Si puede destruir el mundo, espero que nunca se libere.


Escuchó un golpe seco por toda respuesta y acto seguido el sonido de profundos ronquidos inundó el túnel.

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