La conversación con el ingeniero dejó
a Val pensativa largo tiempo, más cuando un par de noches después
se encontró con Breogan solo en el comedor, sacudiendo una gran
jarra boca abajo con aire desolado. Estaba claramente achispado, y
ella carraspeó para llamar su atención. El nigromante la saludó
con un gesto de alegría.
-¡Pelirroja!- exclamó en un
balbuceo. Pareció escucharse a sí mismo y torció la boca con
disgusto, tratando de componer un semblante más serio. Val no pudo
evitar una risilla.
-Val- le recordó.
-Breogan- respondió él golpeándose
el pecho, y Val no pudo contener una carcajada.
-Lo sé- dijo entre risas.
El nigromante señaló desmayadamente
una esquina en la que reposaban varias tinajas.
-¿Quieres un trago?- rió ella, y él
sonrió feliz como un niño.
Le rellenó la jarra y se sirvió
otra para ella, sentándose frente a él.
-Cuéntame- solicitó vehemente.
-¿El qué?
-De Los Pozos del Olvido.
Breogan botó en su asiento.
-¡No vayas nunca allí, mujer
insensata!
Parecía escandalizado, a falta de una
expresión más acertada, y Val hubo de contener otra carcajada.
-Pues cuéntame tú.
-Ese lugar está maldito, escucha mis
palabras. Absorbe la energía vital de todo lo que se acerca, y no
deberías acercarte jamás.
-Entendido- aseguró Val con la
intención de calmar al nigromante. Tampoco tenía ninguna intención
de visitar el lugar, y así se lo dijo. Él tomó un largo trago y
sonrió felizmente de nuevo.
-¿Y bien? ¿Qué te parece Larhenna?
¿Te gusta? Es bonito, ¿eh?
Val asintió reteniendo a duras penas
otra carcajada.
-Tiene su encanto- admitió divertida.
-Mucha magia es lo que tiene- replicó
Breogan alzando la jarra y tomando un trago aún más largo que el
anterior- El Orbe de Portales, los endemoniados Pozos...
¡Ja! Magia, magia, ¡magia!!!
Se volvió hacia ella enfebrecido y la
miró a los ojos de pupilas dilatadas, sonriendo como un loco.
-Síiiiiiiiiii.....- canturreó-. Tú
también la sientes. Sientes las corrientes que vibran bajo la
tierra, la energía que emiten los minerales, la electricidad en el
aire... ¿Verdad que sí? Magia, magia, magia... Magia de dragones
moribundos... Qué triste, la verdad. Debieron ser dignos de
contemplar...- sonrió tristemente, sumido de nuevo en sus
pensamientos.
-He visto ilustraciones
impresionantes. En vivo debieron ser majestuosos.
-Me habría gustado hablar con un
dragón- murmuró Breogan con tristeza. Miró al fondo de su jarra
guiñando un ojo y se encogió de hombros, apurando el resto con un
largo y sonoro trago.
Val empujó su jarra medio llena hacia
él, que le dedicó una sonrisa radiante y absolutamente franca.
-Efectivamente, eso es lo que pasa.
Magia poderosa, restos delatores. La energía fluye en todas
direcciones, y los imbéciles se creen que pueden controlarla.
-¿Disculpa?
-Larhenna, el Orbe de Portales. Tan
lleno de energía... mmm, luminosa- soltó una risilla- Hay mucha luz
aquí, ¿te has fijado? Mis muertos están muy incómodos, y eso es
porque son criaturas antinaturales- rió de nuevo-. Pero no les voy a
soltar aún, no. Van a pagar por sus crímenes hasta que sus huesos
sean polvo.
Val alzó una ceja, impactada por la
rabia que destilaba el nigromante.
-¿Enemigos de guerra?- aventuró.
-Bastardos reconocidos de todos los
pelajes- sentenció él con un siseo, y Val respetó sus deseos.
-¿Y qué pasa con la magia?- preguntó
mientras se levantaba a rellenar las jarras.
-¿Qué magia?
-La que va y viene- ahora fue ella
quien rió su propia ocurrencia.
-¡Me estabas escuchando!- se
congratuló Breogan- Pues eso, que va y viene. Larhenna no existía
antes del Cataclismo y Darenath tampoco. El Orbe Oscuro.
Val se quedó largo rato esperando a
que continuara, pero el hechicero parecía demasiado enfrascado en
sus propios pensamientos como para compartirlos. Miraba fijamente el
fondo de su jarra, y Val se afanó con la suya hasta que los párpados
comenzaron a pesarle demasiado y decidió retirarse antes de amanecer
sobre la mesa, rodeada de vikingos carcajeándose.
Cuando ya abandonaba el salón, la voz
de Breo retumbó en el túnel tan clara como si estuviera a su lado.
-Y luego están Los Pozos-
decía en tono lúgubre- Pura mala baba concentrada e inmunda que se
bebe la vida de todo lo que se acerca. A menudo las tormentas
remueven la arena y a la mañana siguiente aparecen huesos por todo
el valle. No se alimenta sólo de carne, no... Os digo que ahí abajo
hay algo tremendamente poderoso, algo que tiene que ver con el
Cataclismo.
-Entonces tal vez lo más sensato sea
dejarlo donde está. Si puede destruir el mundo, espero que nunca se
libere.
Escuchó un golpe seco por toda
respuesta y acto seguido el sonido de profundos ronquidos inundó el
túnel.