Todo era perfecto en Magnum, el más
joven heredero de los Beltrenny, ilustre y acaudalada familia de
Avaleth. Val no era tan estúpida ni tan insensata como para esperar
que el joven se fijara en ella , pero el chico la confundía
enormemente con su comportamiento errático. Tan pronto la buscaba y
parecía ansiar su compañía como actuaba como si apenas se
conocieran y la ignoraba durante días, hasta que una tarde se
encontraban por casualidad y entonces se abrazaba a su talle y le
suplicaba que contemplaran juntos las nubes. Incluso estuvo tonteando
públicamente con ella durante la fiesta de la vendimia, hasta que
sus amigos llegaron a buscarle y al caer la noche Ghisett le vio con
Dalissa tras las cubas de prensado.
Le devolvió el saludo con una
sonrisa. Aunque le había roto el corazón, o al menos así lo sentía
ella, innumerables veces, también la había ayudado a entender que
los hombres no querían colarse entre tus piernas sólo para llegar a
tu corazón. Que el sexo y el amor no iban necesariamente de la mano,
como es lógico, y que eso era algo que los chicos ya sabían y las
chicas aún tenían que aprender. Comentó compungida, para censura
de sus compañeras, que no le importaba el hecho de que Magnum sólo
la quisiera para retozar, lo que la molestaba hasta la más pura
rabia era que la hubiera engañado para conseguirlo. Se preguntaba
por qué el chico había considerado necesario el uso de falsas
promesas y triquiñuelas cuando podía haber expuesto sus verdaderas
razones y ahorrarle mucho dolor. La escandalizada y ofendida reacción
de sus amigas le dio la asombrosa respuesta: Al parecer, resultaba
moralmente reprobable, en la mayoría de las culturas, que una mujer
yaciera con un hombre sin más pretensiones que el puro placer sin
consecuencias sentimentales. Para mayor confusión, no estaba en
absoluto mal visto que un hombre sólo quisiera a una mujer por su
cuerpo, pues al parecer el deseo funcionaba de otro modo en ellos.
Val se guardó sus opiniones al respecto de ahí en adelante,
preguntándose por qué siempre tenía que pensar de modo diferente a
los que la rodeaban, sintiéndose dolorosamente sola en un castillo
atestado.
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