domingo, 24 de septiembre de 2017

Acerca del sexo y el amor, primera reflexión. Castillo de Dragón, junio del 732 post Cataclismo

    Todo era perfecto en Magnum, el más joven heredero de los Beltrenny, ilustre y acaudalada familia de Avaleth. Val no era tan estúpida ni tan insensata como para esperar que el joven se fijara en ella , pero el chico la confundía enormemente con su comportamiento errático. Tan pronto la buscaba y parecía ansiar su compañía como actuaba como si apenas se conocieran y la ignoraba durante días, hasta que una tarde se encontraban por casualidad y entonces se abrazaba a su talle y le suplicaba que contemplaran juntos las nubes. Incluso estuvo tonteando públicamente con ella durante la fiesta de la vendimia, hasta que sus amigos llegaron a buscarle y al caer la noche Ghisett le vio con Dalissa tras las cubas de prensado.

    Le devolvió el saludo con una sonrisa. Aunque le había roto el corazón, o al menos así lo sentía ella, innumerables veces, también la había ayudado a entender que los hombres no querían colarse entre tus piernas sólo para llegar a tu corazón. Que el sexo y el amor no iban necesariamente de la mano, como es lógico, y que eso era algo que los chicos ya sabían y las chicas aún tenían que aprender. Comentó compungida, para censura de sus compañeras, que no le importaba el hecho de que Magnum sólo la quisiera para retozar, lo que la molestaba hasta la más pura rabia era que la hubiera engañado para conseguirlo. Se preguntaba por qué el chico había considerado necesario el uso de falsas promesas y triquiñuelas cuando podía haber expuesto sus verdaderas razones y ahorrarle mucho dolor. La escandalizada y ofendida reacción de sus amigas le dio la asombrosa respuesta: Al parecer, resultaba moralmente reprobable, en la mayoría de las culturas, que una mujer yaciera con un hombre sin más pretensiones que el puro placer sin consecuencias sentimentales. Para mayor confusión, no estaba en absoluto mal visto que un hombre sólo quisiera a una mujer por su cuerpo, pues al parecer el deseo funcionaba de otro modo en ellos. Val se guardó sus opiniones al respecto de ahí en adelante, preguntándose por qué siempre tenía que pensar de modo diferente a los que la rodeaban, sintiéndose dolorosamente sola en un castillo atestado.


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